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La
habilidad motora es, simplemente, la habilidad para el movimiento.
Estas habilidades abarcan desde levantar la cabeza y darse
vuelta en la cuna, hasta caminar, correr, manipular objetos
y, más tarde, conducir un automóvil, tocar un instrumento,
manejar una máquina, un pincel, un cincel o el teclado de
una computadora.
El cerebro es la estrella absoluta de este desarrollo, ya
que como centro de mandos del organismo, controla todos
sus movimientos. Esto significa que para desarrollar las
habilidades motoras, el cerebro y el cuerpo tienen que estar
en una estrecha coordinación. Esto, desde luego, no se logra
en un día. Es necesario primero que se desarrollen determinadas
partes cerebrales, y cientos de músculos, articulaciones
y tendones, y que se formen las fibras nerviosas que comunican
el cerebro con el resto del cuerpo.
Así, podemos decir que el cerebro va de lo sencillo a lo
más difícil, de lo general a lo particular. Las primeras
habilidades motoras que se desarrollan son las que utilizan
los músculos grandes que están más cercanos al cerebro.
Por ejemplo, tu bebé tiene que ser capaz de sostener su
cabeza antes de poder controlar los brazos, y no podrá aprender
a caminar si no gatea primero.
En cuanto a los movimientos más finos y precisos, requieren
de un control estricto de las manos, los pies y los dedos,
así que son los últimos en aprenderse. Cosas como tomar
pequeños objetos, y otras habilidades motoras de este tipo,
requieren de una gran coordinación visual, y de ciertos
conocimientos (digamos, acerca de las formas, el espacio
y el tiempo), que pueden no ser adquiridos sino hasta el
final de la infancia o, en ocasiones, hasta la adolescencia.
Ver y Oir
Todos
los seres humanos reaccionamos a los estímulos, aprendemos
y percibimos el mundo que nos rodea gracias a nuestros sentidos.
Y de éstos, la vista y el oído son muy importantes, ya que
proporcionan un contacto estrecho y directo con el entorno.
El hecho de que tu bebé oiga bien es esencial para que aprenda
a hablar, ya que el lenguaje se aprende, fundamentalmente,
por imitación de los sonidos. ¿Cómo saber si oye bien? Fíjate
si responde a los sonidos, volviéndose en dirección a éstos,
o respondiendo a tu voz mirándote, por ejemplo. Si estás
insegura, puedes recurrir a una prueba de audiometría, que
mide, precisamente, la capacidad auditiva de tu bebé, o
de tu hijo o hija.
En cuanto a la visión, esencial para tantas cosas, como
la manipulación de objetos y el cálculo de espacios y distancias,
suele ir de menos a más. Al principio sólo abarca objetos
que estén a 25 cms. de distancia o menos, pero poco a poco
sus ojos irán desarrollándose y podrá lograr una visión
normal.
Algo importante aquí es que muchos niños no saben si ven
bien o mal, puesto que han "visto" así toda su vida. Si
notas que se acerca mucho a los objetos, que entorna los
ojos para mirar a lo lejos, o que no distingue ciertos objetos,
figuras o formas que estén a más de cuatro metros de distancia,
puedes llevarlo con el oftalmólogo para que le haga una
optometría, es decir, una prueba que evalúe su capacidad
visual.
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