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Los
papás divorciados
Uno quisiera que siempre las cosas fueran perfectas. Que
hubiera paz, amor, armonía y estabilidad. Sin embargo, errar
es humano y puede ser que nos demos cuenta que la pareja
que hemos elegido no era la adecuada.
El índice de divorcios ha aumentado notablemente en todo
el mundo, quizá porque nos hallamos en medio de una crisis
de valores, y las parejas ya no luchan como debieran por
mantenerse unidas, ni hacen el mismo trabajo emocional que
antes para conservar la relación en un estado de armonía.
Y por el contrario, miles de parejas en todo el mundo se
llevan mal, y sin embargo no se divorcian porque piensan
que esto les hará daño a sus hijos. Cierto, los niños no
salen completamente ilesos de la vivencia, pero la experiencia
muestra, una y otra vez, que es mucho mejor un divorcio
inteligente que un matrimonio a fuerzas, que vive bajo el
mismo techo en un ambiente cargado de tensión y hostilidad.
Seguir casados "por los hijos" es hacerles, en la mayoría
de los casos, un muy flaco favor.
De modo que si el divorcio es inevitable, si realmente consideran
que no pueden vivir juntos, si el amor ya no existe, hay
algunas cosas que deben tener muy en cuenta con respecto
a sus hijos.
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Sugerencias
para papás divorciados
Permitan que los abuelos se relacionen estrechamente
con sus nietos, pero dejen muy en claro que la máxima
autoridad, en este caso, son ustedes. Por supuesto,
todo dicho con amor y suavidad, aunque con firmeza.
Los problemas que ustedes tengan como pareja son independientes
de la relación que tienen con sus hijos, y de la responsabilidad
que tienen hacia ellos como padres. Este es un vínculo
que nunca podrán deshacer. Esto significa que deben
mantener apartados a los niños de las discusiones,
y mostrarse con ellos tan amorosos como siempre.
Muchas parejas divorciadas consideran a los hijos
como trofeos. Se pelean por su custodia, tratan de
aliarlos a su causa particular y se olvidan de que
son personas, no cosas. Esto hace a los niños un daño
que puede ser irreversible.
Jamás hablen mal el uno del otro con los niños. Por
muy resentidos que estén, resultará terriblemente
perjudicial para las criaturas el escuchar que su
papá les habla mal de su mamá, o viceversa. Ellos
aman a sus dos papás, y no pueden tomar partido, porque
saldrían desgarrados y confusos. De por sí ya es difícil
verlos separados. Hablen uno del otro con respeto,
exaltando sus cualidades.
No usen a los niños como mensajeros para enviar insultos,
peticiones ni reproches a la otra parte.
No utilicen a los niños como pretexto para obtener
privilegios de la otra parte: los niños no son instrumentos
de chantaje.
No evites que los niños vean a su papá. Es su padre,
y tanto ellos como él tienen todo el derecho a verse
y a llevar una relación, y tú no eres nadie para privarlos
de ese derecho. El escondérselos daña a todos, pero
principalmente a los niños.
Procuren mantener entre ustedes un clima de amistad.
Esto es sumamente importante, y el divorcio será más
fácil para todos. Sus diferencias deben terminar en
el momento en que la pareja se disuelva, no ser llevadas
más allá. Comparten una responsabilidad y, si logran
ser amigos y estar unidos en los momentos importantes
de la vida de sus hijos, éstos sabrán que cuentan,
efectivamente, con su papá y con su mamá, aunque no
vivan en la misma casa.
Los niños menores de 5 años ven al mundo en función
de sí mismos. Si no les explican que se están divorciando
porque ya no se llevan bien, y que ellos no tienen
la culpa de lo que está pasando, ellos pueden buscar
sus propias explicaciones y llegar a conclusiones
que pueden parecer absurdas a los adultos, pero que
para los niños son contundentes, como "Papá se fue
porque hice un berrinche". Esto los lastrará con una
carga inútil de culpabilidad que puede hacer estragos
en su vida emocional.
Asegúrense de que los niños entiendan que ustedes
dos los siguen amando, y de que el hogar de cada uno
sea el hogar de los niños también.
Los hijos de padres divorciados pueden ser tan saludables
y estables como los otros. El hecho de que sus papás
no vivan juntos no debe constituir un estigma, ni
un motivo de vergüenza para nadie.
Chequen a sus hijos por cualquier signo de inestabilidad:
mojar la cama en las noches, comportamiento agresivo
o irritable, demasiadas travesuras, bajo rendimiento
en la escuela, falta de apetito, cambios bruscos en
sus patrones normales de conducta, baja de defensas
que los hace enfermarse constantemente. Esto significa
que no están conformes con la situación y que están
tratando de llamar la atención. Deben hablar con ellos
y tranquilizarlos, ayudarles a aceptar la situación,
y rodearlos de una atmósfera de amor y seguridad.
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