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El
núcleo familiar es, para un niño, su mundo completo, cuando
menos en los primeros años de su vida. Es la base de su
seguridad, de su estabilidad emocional, y de su desarrollo
en todos los aspectos. Es donde aprende sus primeras lecciones
de amor, de principios y valores, de normas y preceptos,
de relaciones humanas; es su modelo de realidad, y el terreno
donde se forma y se establece buena parte de su personalidad
futura. El contacto con los seres queridos es siempre una
parte importante de nuestra vida emocional y elemento fundamental
de nuestra condición de seres humanos.
El, o ella, es parte de una familia desde el momento de
nacer. No importa si esa familia es grande o pequeña; es
su familia, y eso basta para él. Sabrá instintivamente que
esas personas que lo rodean son especiales, y querrá formar
parte de ese grupo y de ese entorno.
Por eso es bueno que incorpores a tu hijo o hija, desde
que es un bebé, a las rutinas y horarios familiares. Deja
que interactúe con el resto de los miembros de la familia,
y que éstos le manifiesten su amor. Tu bebé se sentirá seguro
y protegido, y aprenderá a manifestar sus sentimientos y
a responder a las muestras de afecto.
¿Cuánto amor debemos darle a un niño? Como papás, todo el
que podamos. Desde el imprescindible contacto físico, hasta
el apoyo y la solidaridad. Desde una caricia hasta un "te
quiero", dicho incluso aunque él o ella no entienda las
palabras, por ser todavía muy pequeño. Entenderá el tono
y la intención, y eso le hará sentirse feliz.
No teman "malcriarlo" al demostrarle "demasiado" amor. El
amor nunca es demasiado. Estamos hablando, claro, del amor
saludable, del que se prodiga sin cortapisas, y también
del que está detrás de una medida disciplinaria.
Los niños son tremendamente perceptivos. Captan las corrientes
subyacentes de amor o de hostilidad, de enojo o de alegría,
de tristeza o de tranquilidad. Comprenden por instinto el
lenguaje corporal y el tono de la voz, así como perciben
cuando alguien cercano a ellos está preocupado o enfermo.
Por eso son también muy sensibles al maltrato o a la indiferencia,
que los marca de por vida, y a la sobreprotección (la otra
cara de la moneda), que los hace inseguros y dependientes.
Como papás, deben dar a sus hijos todo el amor que sean
capaces de brindarles, y también todo el respeto que se
merecen. Corregirlos cuando se portan mal, apoyarlos cuando
se equivocan, consolarlos cuando las cosas les salen mal.
Y, sobre todo, hay que darles cierto grado de independencia;
dejarlos que hagan sus propios esfuerzos y que cometan sus
propios errores, y después enseñarles a aprender de la experiencia.
El equilibrio es delicado: ¿hasta dónde termina la guía
y comienza la sobreprotección? Eso, deberán decidirlo ustedes.
Quizá se equivoquen en algunas cosas, porque no existe ser
humano perfecto. Pero sí existen seres humanos felices y
seres humanos infelices, y la misión de ustedes, como responsables
de esa criatura, es darle todas las armas y los elementos
para lograr su meta de realización, tranquilidad, felicidad
y estabilidad psicológica y emocional.
Un hogar feliz, estable y libre forma seres humanos sanos,
libres, felices y estables. Esa, es la regla de oro.
Cosas
que debes saber:
Como papás, ambos son importantes para su hijo o hija.
Más allá de los roles tradicionales, y de la figura
materna y paterna, que se pensaba balanceaban la personalidad
de los niños, ambos deben transmitirle el mismo mensaje
de fuerza, amor, independencia, ternura y valores.
Es importante que tu esposo y tú se pongan de acuerdo
en cuanto a la crianza y la educación de sus hijos.
Que establezcan qué debe permitírseles y qué no, que
tengan la misma idea y los mismos objetivos. Si uno
castiga y el otro perdona, el que castiga se volverá
el ogro, y el que perdona, el "padre barco". Ustedes
deben mostrar, siempre, un frente común delante de sus
hijos. Esto les transmitirá a ellos una sensación de
coherencia y seguridad.
Entre ustedes dos como pareja, debe aplicar esa vieja
regla de oro que dice que la ropa sucia se lava en casa.
Esto significa que deben procurar por todos los medios
posibles nunca pelearse ni discutir frente a sus hijos.
Ellos sentirán su seguridad resquebrajada, se sentirán
temerosos y pueden comenzar a desarrollar problemas
físicos o de conducta.
Además de padres, deben ser amigos de sus hijos. Esto
es fácil de decir y no tan fácil de conseguir, pero
es algo absolutamente necesario, para que ellos consideren
su hogar como un verdadero refugio, como un sitio donde
pueden expresarse, donde son respetados y amados. |
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