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por
la Dra. Miriam Stoppard
Trastornos cromosómicos
Se
producen generalmente por alguna falla en el proceso de
división de los cromosomas en la formación del óvulo o el
espermatozoide, o bien durante las primeras divisiones del
huevo fertilizado (zigoto). Menos frecuentemente, uno de
los padres tiene una anormalidad cromosómica.
La severidad y el tipo de anormalidad depende de si están
afectados uno o ambos cromosomas sexuales o alguno de los
otros 44 cromosomas (autosomas). Esto es menos frecuente
que la anormalidad de los cromosomas ligados al sexo, pero
tiende en cambio a producir un efecto más diseminado y más
serio. Un autosoma de más significa que alguno de los 22
pares de autosomas está triplicado, lo que se conoce con
el nombre de trisomía. La trisomía más frecuente es el Sindrome
de Down.
Se produce trisomía cuando falta una parte de un cromosoma,
o cuando hay una porción de más que se une a alguno de los
cromosomas. La trisomía puede causar defectos físicos o
mentales.
A veces, sin embargo, el problema puede producirse por translocación.
Es decir que, en estos casos, hay una complementación normal
de material cromosómico, pero este material no se ubica
correctamente (parte de un cromosoma se une a otro). El
progenitor portador es normal, pero su hijo o su hija puede
sufrir de alguna anormalidad si hereda ese material cromosómico
de más.
Las anormalidades en los cromosomas ligados al sexo pueden
dar lugar a problemas en el desarrollo sexual, tales como
infertilidad y ocasionalmente, retardo mental. Los varones
pueden sufrir de Síndrome de Klinefelter y las mujeres de
Síndrome de Turner.
Las anormalidades pueden diagnosticarse a través de un análisis
cromosómico. Es una de las técnicas que suele sugerirse
cuando se efectúa una consulta genética.
Los genes que heredamos.
La mitad de los genes de un bebé provienen de su madre,
a través del óvulo y la otra mitad, de su padre, a través
del espermatozoide.
Cada óvulo y cada espermatozoide contienen una "mezcla"
diferente de los genes de los padres, de modo que cada niño
hereda una selección diferente y única, que varia respecto
de la de sus hermanos.
La mayor parte de los genes se mezclan, pero hay algunos
que dominan sobre sus compañeros. En estos casos, el gen
dominante, por ejemplo el del color de ojos marrón, prevalecerá
sobre el recesivo, por ejemplo, el del color azul para los
ojos.
Artículo extraído del libro "Concepción
Embarazo y parto", y reproducido con la autorización
de Editorial Vergara
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