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Esa
prodigiosa ingeniera natural que es la Madre Naturaleza,
lo tiene todo dispuesto para que, una vez nacido, tu bebé
tenga asegurada su supervivencia. Te dota de un instinto
maternal para protegerlo y, por si fuera poco, ha diseñado
tu cuerpo de tal manera que pueda alimentar a ese bebé,
sin más requisitos que poner tu pezón en su pequeña boca,
ya que él o ella nace equipado con un reflejo de succión,
elemental para su supervivencia.
Casi todas las mujeres pueden amamantar a sus bebés. Sin
embargo, hay algunas que tienen poca leche (aunque a veces
su producción puede aumentarse, precisamente, dándole el
pecho al bebé), y que por cualquier motivo no quieren o
no pueden hacerlo. Si éste es tu caso, no debes sentirte
mal, ni culpable. Aunque realmente la leche materna es el
alimento perfecto para el bebé, existen actualmente en el
mercado estupendas fórmulas lácteas diseñadas para dar a
tu bebé todo lo que necesita. Será tu pediatra quien pueda
recomendarte la fórmula adecuada para tu bebé, así como
el biberón que más convenga.
Leche materna vs. leche de vaca.
La
leche que tú produces contiene los anticuerpos específicos
que tu bebé recién nacido necesita para poder combatir las
infecciones del tracto digestivo y respiratorio. Por otra
parte, la leche humana tiene más grasas y azúcares, pero
menos proteínas que la de vaca, lo cual no significa que
sea de menor calidad, sino al contrario, porque si sigues
un régimen alimenticio bien balanceado, tu leche contendrá
todos los nutrientes que el bebé necesita durante los primeros
doce meses de su vida. Es posible que, si acaso, le falte
vitamina D, por eso muchos pediatras recomiendan dar al
bebé suplementos de esa vitamina para prevenir una deficiencia.
Pero hay más. El aparato digestivo del bebé, que todavía
no está maduro, no puede absorber fácilmente las grasas
y la caseína de la leche de vaca, ni su hígado ha madurado
lo bastante como para convertir todas las proteínas que
contiene en formas que sean asimilables.
En cambio, el bebé puede digerir hasta un 98% de las grasas
y la caseína de la leche materna. Incluso el alto nivel
de colesterol de la leche humana, que podría ser nocivo
para un adulto, le sirve al bebé para estimular la secreción
de enzimas que le permitirán mantener bajo el nivel de colesterol
en su propia sangre durante toda su vida, en condiciones
normales.
Y por si esto fuera poco, las grasas y las proteínas de
la leche materna son precisamente las que requiere el sistema
nervioso del bebé para tener un rápido desarrollo, y su
bajo contenido de sal es el preciso para sus pequeños riñones
inmaduros.
La leche materna proporciona al bebé todo el calcio y el
fósforo que necesita el acelerado crecimiento de su esqueleto,
y el pequeño puede absorber y asimilar con gran facilidad
el hierro que contiene la leche de su mamá
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