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El
parto psicoprofiláctico
Son muchas las mujeres que deciden tener un parto psicoprofiláctico,
y acuden a tomar cursos en instituciones especializadas.
En realidad se trata de una preparación para el parto, y
su propósito no es evitar el dolor, sino reducirlo mediante
la aplicación de técnicas de relajación que contribuyen
a menguar o eliminar el estrés y/o el temor que algunas
chicas sienten ante el parto, especialmente si son primerizas.
Son muchas las ventajas que tiene el parto psicoprofiláctico
además de enseñar a la mamá a relajarse y a manejar su estrés
y su temor:
La relajación y las técnicas de respiración
ayudan a que el parto sea más sencillo y rápido.
Gracias a la preparación que ha tenido durante
su embarazo, la mamá sabe qué hacer, cómo respirar y cómo
relajarse, lo que permite que pueda tener un parto normal,
sin anestésicos ni bloqueos, y disfrutar plenamente consciente
de esta experiencia única.
Como hace participar también al futuro papá,
la preparación psicoprofiláctica hace que la pareja se involucre
con el proceso de embarazo, y refuerza la unión que hay
entre ellos. El hombre ya no se siente excluido, y la mujer
siente, en él, un gran apoyo.
Estrecha la relación entre madre e hijo,
porque el bebé es puesto en brazos de su madre inmediatamente
después de nacer; los expertos en estas técnicas aducen
que el sentir el cuerpo y las caricias de su madre hace
que el bebé se calme, y que sus ritmos vitales se estabilicen.
Existen muchos lugares donde tú y tu esposo pueden tomar
los cursos psicoprofilácticos. Tu médico podrá recomendarte
alguno, o incluso tus amigas o familiares que ya hayan pasado
por esta experiencia.
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¿Sabías
que?
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El
parto psicoprofiiláctico nació en la Unión Soviética,
allá por los años 1930. Un grupo de médicos de esa nación
empezó a aplicar las técnicas de condicionamiento de
Pavlov a las parturientas, para que su respuesta a las
contracciones uterinas fuera positiva, exenta de miedo
o dolor, a través de técnicas especiales de respiración.
Los principales promotores del parto psicoprofiláctico
en Europa y el resto del mundo fueron Lamaze y Leboyer.
El método Lamaze es el más utilizado, y se centra en
la mamá. El método Leboyer, por el contrario, se centra
en el bebé. En cuanto nace, se atenúan las luces, todo
el mundo queda en silencio y se mete al chiquito a una
tina de agua tibia, todo esto para minimizar el choque
que supone abandonar su paraíso materno y entrar a este
mundo tan luminoso y estridente.
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