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Es
bastante común que los cambios hormonales, así como el cansancio
y la falta de sueño, hagan algunos estragos en tu libido,
es decir, en tu apetito sexual. Hay quien dice que su necesidad
física de ternura se satisface al cargar a su bebé. Y no
falta la que opina que después de dejar al bebé en cama
(mismo bebé que estuvo llorando dos horas), lo último que
quieren es saltar a los brazos de alguien, aunque ese alguien
sea el hombre de su vida.
Bueno, todo tiene que volver a la normalidad. Y realmente,
el aspecto sexual es determinante para la relación y la
armonía entre una pareja. Es una de las manifestaciones
más puras del amor, tanto en el terreno físico como el espiritual.
Hacer el amor es algo que les proporciona un momento que
es sólo de ustedes dos, y una vez pasada la cuarentena,
cuando tu cuerpo ya haya lidiado con todos sus cambios y
se haya reorganizado, no hay motivo para no reanudar esta
parte preciosa, saludable y excitante de la relación.
Uno de los temores más comunes es que el bebé se despierte
mientras ustedes están en plena función. Y en realidad,
sí puede ser un poco inhibidor, sobre todo cuando el pequeño
suelta tremendo berrido que da al traste con el romance,
porque hace que uno de los dos, o los dos, corra a ver qué
está sucediendo.
Lejos quedó la privacidad de otras épocas, es cierto, pero
no menos verdadero es que tienen que aprender a vivir con
el bebé en casa. Y, algo importante, él (o ella) debe adaptarse
a ustedes, no ustedes a él. El convertirlo en el eje de
todas sus actividades y planes es un error común que no
beneficia a nadie.
Así que lo peor que puedes hacer, por ejemplo, es traerlo
a la cama con ustedes en cuanto suelte el primero llorido.
Déjalo en su cuna, que es su lugar. Y bueno, traten de hacer
menos ruido durante sus episodios amorosos, eso es todo.
¿Por qué pierdes el deseo
sexual?
Son muchos los psicólogos que opinan, no sin razón, que
esa falta de deseo sexual femenino puede ser una barrera
psicológica que simboliza tu imagen de lo que una mamá debe
ser. Esto puede estar en conflicto con tu experiencia como
mujer sexualmente activa: "las mamás no son seres sexuales,
¿o sí?"; "¿las mamás son sexys?" Bueno, esas mamás son ante
todo mujeres y seres sexuales, con todo el derecho a ejercer
una sexualidad feliz. Tu mamá es un ser sexual: estás aquí,
¿no? ¿Cómo crees que llegaste al mundo?
¿Otra barrera? La inseguridad: "¿Le gustaré a él tal y como
estoy? Ya no tengo el mismo cuerpo que antes…" Y sí, tu
cuerpo ha pasado por muchos cambios en los últimos meses,
y necesitas redescubrirlo. Quizá tu vagina esté un poco
más distendida, pero toda tu capacidad sexual está ahí,
tan activa como antes. Es importante que aceptes los cambios
en tu cuerpo, que no los veas como algo negativo, y que
te sientas feliz de ser mamá, de ser esposa y, finalmente,
de ser mujer.
Así que no lo dudes y prepárate para el amor. Arregla las
cosas de manera que puedas tener unas horas en privado con
tu esposo, y comparte con él tus sentimientos. Exploren
juntos cómo ha cambiado tu cuerpo ahora que ambos se han
convertido en padres. Creen un ambiente romántico: velas,
música suave (¿tal ves "su canción"?), un baño en tina o
una ducha juntos. Relájense y abrázense, comiencen muy despacio,
con toda la ternura y el amor que se tienen. Poco a poco
el deseo irá surgiendo, y tu cuerpo despertará, porque estás
relajada, feliz y dispuesta a ser mujer nuevamente en sus
brazos.
Y, algo importante, tomen conciencia de cuán importante
es darse tiempo para ustedes como pareja. Esto es algo que
tendrán que defender y atesorar durante toda su vida. No
sean como esas parejas que dejan de existir como personas
en el momento en que tienen un bebé, al pensar cosas como
"nosotros no importamos, el (o la) que importa es nuestro
bebé". ¡No! Ustedes sí importan. Porque independientemente
de ese verdadero regalo que es ese bebé que ha llegado a
sus vidas, ustedes siguen siendo dos seres humanos que se
aman, que tienen necesidades físicas y emocionales y que
al final del camino, cuando ese bebé crezca y se vaya, podrán
volver a decir, tal vez con una sonrisa de picardía en los
labios: "¡al fin solos!"
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